Alex Rodriguez confesó haber usado esteroides

A Alex Rodríguez le quedarán cerca de diez años de carrera, pero desde ya, un amplio sector de la prensa le está cerrando las puertas del Salón de la Fama de Cooperstown.

Escrito el 12 Feb 2009
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Posiblemente cuando llegue el momento de su retiro, A-Rod habrá superado los 800 jonrones y las 2,300 carreras impulsadas, cifras inéditas en Grandes Ligas, pero aún así ya hay muchos que lo han crucificado.

Parece que junto al Salón de la Fama, habrá que crear el Salón de la Infamia, donde Alex parece haberse ganado ya un lugar. Incluso, hay quienes piden una sanción ejemplar para quien era uno de los rostros de las Mayores y al que ahora le será casi imposible quitarse el apodo de A-Fraud (Un Fraude).

Alex no es más que un producto de una época y víctima de sus circunstancias.

Aceptemos como cierto que usó esteroides entre el 2001 y el 2003, aunque muchos puedan sospechar con razón que pudo haber consumido sustancias prohibidas desde antes y después.

En el 2001 el dopaje era un fenómeno generalizado a niveles aún desconocidos y por las razones que fueran, desde el comisionado Bud Selig hasta el jefe del sindicato de peloteros, Donald Fehr, se hacían de la vista gorda.

Esos son los verdaderos culpables, junto con los propietarios, que a fin de cuenta fueron quienes provocaron la lluvia de los millones.

Particularmente, el dueño de los Rangers, Tom Hicks, que sacudió los cimientos del béisbol en el 2001 al darle a A-Rod aquel descabellado contrato por 252 millones por diez años.

Alex sintió la presión y buscó la manera de justificar el abultado convenio. Así de simple. Y ya sabemos que a Rodríguez le cuesta mucho trabajo lidiar con la presión, sobre todo cuando llega la postemporada.

De hecho, habrá que ver cómo manejará su nueva etapa, cuando los estadios se llenen de carteles acusándolo de ser un fraude.

Por otro lado, más allá de los esteroides, nadie puede negar el talento del jugador, pues en una época en que muchos se inyectaban, no todos bateaban los jonrones.

Pero al menos él, como Jason Giambi y Andy Pettitte, tubo el valor de reconocer que usó sustancias prohibidas para elevar su rendimiento.

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