Amaxofobia, el miedo a conducir

No es capricho, es una enfermedad.

Hay fobias relacionadas con el movimiento que afectan a las distintas formas de viajar y constituyen una limitación seria en la vida cotidiana. Hay personas que tienen miedo al avión, al tren o, mucho menos conocido, al automóvil. La amaxofobia, del griego amaxo (carruaje) y fobia (temor), puede traducirse en conductas agresivas. Sus síntomas son sudor, nerviosismo o ansiedad, y las personas que lo padecen pueden hasta bloquearse cuando se ven con un volante entre las manos. Es un trastorno emergente. La fobia a conducir proviene del rechazo a las ideas inconscientes asociadas al movimiento. Este tipo de repulsión se debe a que la excitación corporal que provoca en algunas personas es demasiado fuerte, temen que se desborden sus sentimientos y proyectan finalmente sobre el vehículo la dificultad del dominio a sí mismos.

El niño comienza a dirigir su propio cuerpo con la ayuda de sus padres; luego hace experimentos alejándose en algunos momentos y volviendo cuando lo necesita. En esa fase, carritos y triciclos son herramientas para que el pequeño aprenda a dominar y a dominarse. El movimiento es un poder.

Controlar un aparato que se mueve produce satisfacción porque es una extensión del placer de dominar el cuerpo y nuestro mundo interno y encontrar un equilibrio entre llevar y dejarnos llevar.

Lo que se teme en una fobia es que el ‘yo’ se derrumbe y una cantidad desordenada de excitación irrumpa en la propia psique, lo que podría conducir a no controlar el cuerpo.

No es fácil explicar la calidad de la angustia que se sufre cuando se padece una fobia, porque procede de una región del psiquismo que, aunque nos pertenece, es desconocida para nosotros: el inconsciente.

Las fobias afectan seriamente a la vida cotidiana y sus victimas lo pasan mal porque se sienten incomprendidas, muchas veces con razón. No es muy raro que los demás no se crean, por ejemplo, que nos dan pánico las alturas, el ascensor o la oscuridad. Mucha gente está convencida de que son temores que se pueden dominar a base de fuerza de voluntad, y no es así. En los casos de incapacidad es preciso visitar a un psicólogo o psiquiatra.

Algunos desencadenantes de la angustia al conducir pueden ser acontecimientos vividos, como haber sufrido un trauma a consecuencia de un accidente de automóvil propio o ajeno, o haber tenido un accidente en el que haya muerto o haya sufrido heridas alguien cercano.

Esas son circunstancias en las que la persona se siente insegura y vulnerable, sobre todo porque ha descubierto que no todo está en sus manos. Un accidente de automóvil, se conduzca o no, pone al descubierto limitaciones y dependencias. También hace asumir la responsabilidad de propios actos. Si el psiquismo está bien organizado frente a la angustia, esta situación se sufrirá un tiempo y el miedo se acabará dominando.

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