Cáncer y tinturas: ¿Vínculo peligroso?

La noticia circula por la calle y seguro ya te puso los pelos de punta: un nuevo estudio vincula a las tinturas de cabello con el cáncer. Pero tranquila, todavía no es hora de renunciar a la peluquería ni tirar a la basura el tinte que cubre tus canas.

La idea de que teñirse el cabello daña algo más que el pelo no es nueva. Desde hace años distintas investigaciones han intentado demostrar su vínculo con distintos tipos de cáncer, como el de mama y el de vejiga.

Un estudio que reportó sus resultados en el International Journal of Cancer en el 2001, concluyó que las mujeres que usaron tinturas permanentes por lo menos una vez al mes durante 15 años eran tres veces más propensas a desarrollar cáncer de vejiga. Además, los trabajadores como estilistas y barberos también eran cinco veces más propensos a tenerlo comparado con otras personas no expuestas.

La novedad es que una investigación divulgada por el American Journal of Epidemiology descubrió más indicios sobre este vínculo eventual y el linfoma cancerígeno no-hodgkiniano.

Este estudio realizado en más de 1,300 mujeres en el estado de Connecticut (noreste) muestra que aquellas mujeres que comenzaron a teñirse el cabello antes de 1980 tenían 40 por ciento más de riesgos de contraer esa forma de cáncer.

Las que utilizaron tinturas permanentes y de color oscuro de manera frecuente (ocho o más veces veces al año) durante al menos 25 meses, tienen el doble de posibilidades de contraer un linfoma, según el doctor Tongzhang Zheng, el epidemiólogo de la Universidad de Yale que dirigió ese estudio.

Por el contrario, "el riesgo no aumentó entre las mujeres que se tiñeron sus cabellos con tinturas no permanentes de color claro", destacó.

¿Por qué es esto? Según la explicación que brindó la Cosmetic, Toiletry and Fragrance Association en el 2001, "todos los tintes permanentes usan los mismos ingredientes básicos, pero los tonos más oscuros tienen cerca de 100 veces más químicos que el rubio más claro".

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