Cuando los muertos regresan…

México 'revive' cada año a sus difuntos

Escrito el 30 Oct 2009
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CIUDAD DE MÉXICO - Quisiera un día, quedarme dormida en mi cama. Estar cómoda y sentir cómo mi cuerpo de a poco se va desprendiendo de las tensiones. Entonces, a cada bocanada de aire que respire, darme cuenta que he hecho cuanto he deseado. Notar que he vivido una vida larga y plena y entonces, no volver a despertar nunca más.

Sobre ese paso de o hacia fuera de nuestra existencia, es poco lo que sabemos. Nadie es tan privilegiado de saber cómo o cuándo morirá. Si será este un largo o corto proceso, ni cuánto durará. Ni la edad ni el estado de salud son ninguna garantía, y nadie ha regresado desde “el más allá” para contarnos qué se siente. Sin embargo, dentro de tanta incertidumbre, hay una sola cosa que sabemos. Parafraseando al filósofo alemán Martin Heidegger, “somos seres para la muerte”. Ante este sufrimiento que enfrentamos de manera constante, –el cual comienza por la incertidumbre sobre la que hablábamos, se eleva cuando llega la muerte a un ser querido y alcanza su cúspide al sentirla cerca de nosotros—los seres humanos hemos buscado distintos mecanismos de defensa, para paliar el dolor y respeto que nos infunde.

Uno de estos mecanismos, digno de mencionar, es la celebración del Día de Muertos en México. Ofrendas, dulces, versos graciosos que aluden a la muerte de personas vivas y más, son parte de la tradición que en México se vive, para por lo menos sobrellevar este doloroso e inevitable momento de la existencia.

Desde la noche del 31 de octubre, en millones de hogares mexicanos, negocios, escuelas y demás sitios, se colocan ofrendas. Están constituidas por papel de colores, dulces y chocolates en forma de calaverita, fotografías, dulce de calabaza, tradicional pan de muerto y todo aquello que al o los difuntos a quienes se les va a celebrar, les gustaba en vida: cigarros, tequila, café, etc.

Objetivo: Continuidad

¿Pero cuál es el objetivo de la ofrenda? Miguel Ángel Maciel González, licenciado en Comunicación y Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México respondió para Univision.com: “La ofrenda se parece a los ritos de sacrificio de las antiguas culturas mesoamericanas, en donde había que donar algo para que las fuerzas sobrenaturales no cayeran sobre los pueblos”.

"En este caso –continuó el maestro- las ofrendas con el colorido de las flores, utensilios arreglos y alimentos es la forma de donar al llamado más allá las cosas necesarias para calmar a la muerte que es oculta y sorpresiva y por supuesto tener contento a quien ya no está”, dijo el profesor sobre su origen. Este ritual desvanece las fronteras, como destacó Maciel. “Las ofrendas implican la continuidad de nosotros o de nuestros muertos para seguir gozándolos en una especie de binomio muerte-vida. En la paradoja se han ido, pero aquí siguen. También la ofrenda es como una puerta de entrada/salida donde los que ya se fueron acceden para significar que aunque hayan muerto físicamente, pueden estar con nosotros porque desde esa perspectiva no hay frontera entre la muerte y la vida”, detalló Maciel.

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