El Tirano De Managua

Escrito el 05 Jul 2021
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Jorge_Ramos



Por Jorge Ramos, Escribiendo para el periódico La Voz desde 1998

Daniel Ortega estaba llorando. Era febrero de 1990 y el Frente Sandinistas de Revolución Nacional acababa de perder las elecciones presidenciales frente a Violeta Barrios de Chamorro, viuda del legendario periodista Pedro Joaquín Chamorro.

“Yo fui testigo de ese llanto de Daniel Ortega y de que mi mamá le dice: ‘Ay muchachito, no te preocupes que vamos a salir adelante y todo se va a solucionar”, me contó Cristiana Chamorro, hija de doña Violeta. “Sí, yo lo vi. El (Ortega) llegó con mi hermano Carlos Fernando a la casa de mi mamá y mi mamá lo abrazó.”

Ahora 31 años después Ortega está haciendo todo lo posible para no volver a llorar.Él fue miembro de la Junta Sandinista que reemplazó al brutal dictador Anastasio Somoza luego de la revolución en 1979 y fue elegido presidente en 1984.
Estuvo seis años al frente del país y luego regresó a la presidencia en el 2007. Pero a partir de ahí concentró casi todo el poder, cambió la constitución para reelegirse de manera indefinida y finalmente perdió su legitimidad “por la brutal represión de manifestantes por parte de la Policía Nacional” durante las protestas antigubernamentales del 2018 que dejaron más de 300 muertos y 2,000 heridos, según Human Rights Watch.

Así es como Ortega se convirtió en el tirano de Managua. No contento con 20 años en la presidencia, Ortega quiere cinco más. Y por eso, a solo cinco meses de las elecciones del 7 de noviembre, ha detenido a casi una veintena de opositores, incluyendo a cinco candidatos presidenciales.
La estrategia, como la de cualquier dictador, es muy burda: arrestar en sus casas a los principales adversarios políticos, acusarlos de delitos falsos, aguantar la presión internacional y reelegirse.

Ortega está siguiendo el mismo guion del dictador venezolano, Nicolás Maduro, quien apresó o inhabilitó a varios aspirantes presidenciales antes de las elecciones del 2018. “Están gritando los enemigos de la revolución”, dijo hace unos días Ortega, tras reaparecer en público luego de más de un mes.
Y dijo que los arrestados son “criminales…que quieren derrocar al gobierno”.Una de las aspirantes presidenciales detenidas es Cristiana Chamorro.

Y pude conversar con ella poco antes de su arresto domiciliario a principios de junio. “Ortega le tiene terror a esta mujer que le ha dicho sí a Nicaragua”, me dijo en la entrevista vía Zoom desde su casa. “Él está atemorizado porque hay posibilidades de que, con unidad alrededor de cristiana, de ganarle en estas elecciones.”

Ella fue acusada formalmente de “inconsistencias financieras” en los montos recibido por la fundación que lleva el nombre de su madre. Pero cristiana asegura que “es un invento: lo que hay detrás es un juicio político donde quieren inhibirme.”
Desde esta última entrevista y tras su arresto en su casa no he podido comunicarme con ella.

La escritora, activista y revolucionaria, Gioconda Belli cree que la dictadura de Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, es más cruel que la de Somoza.
“Es más sofisticada”, me dijo en una entrevista. “Se hacen pasar por muy católicos. Rosario Murillo parece una predicadora, hablando de dios, la virgen y el amor mientras que, por otro lado, está instigando el odio.
Hay una finalización tremenda de la población que ellos manejan.”
Gioconda Belli los conoce bien. Ella luchó junto con Ortega y Murillo en el frente sandinista durante la revolución. Pero hoy les teme.

Se encuentra temporalmente en Norteamérica y no quiere regresar a Nicaragua. Por ahora. “Tengo miedo”, me dijo desde algún lugar en la costa oeste de Estados Unidos. “Creo que no sería prudente. Yo no quiero terminar en la cárcel. Pienso que me detendrían en el aeropuerto.” Poco después de nuestra entrevista, la casa de su hermano en Nicaragua, Humberto Belli, fue allanada por agentes de la dictadura.
Ortega, en realidad, nunca ha ocultado sus tendencias autoritarias ni sus lealtades políticas. “Fidel (Castro) para mí no es ningún dictador”, me dijo en una entrevista en Managua en el 2006, antes de las elecciones presidenciales, cuando el líder cubano ya llevaba 47 años en el poder.

“Yo me siento hermano de Gaddafi, de Chávez, de Fidel, de Lula, de Evo.” Las señales de alarma ya estaban todas ahí. Y cuando los nicaragüenses se dieron cuenta que su frágil democracia estaba desapareciendo, ya era demasiado tarde.
Hablar en estos momentos en contra del dictador Daniel Ortega y de su esposa es muy peligroso en Nicaragua. Pero durante siglos los nicaragüenses han desarrollado distintas formas de protestar y de vengarse de los que abusan de su poder. La obra teatral El Güegüense es un drama satírico nicaragüense que con máscaras y humor se burla de los conquistadores españoles. Y ahora perfectamente se puede aplicar a los Ortega.

Casi todos los medios de comunicación en Nicaragua están censurados. Pero en las redes sociales no han logrado detener las críticas al dictador. El Güegüense vive digitalmente.
Al final de cuentas, Ortega caerá por segunda ocasión. El principal error de los dictadores es creerse sus propios cuentos y sentirse invencibles. Si algo nos han enseñado los nicaragüenses es su poca tolerancia por las dictaduras y que hasta el tirano más cruel tiene un punto débil.

No importa su ideología. Me tocó estar en Managua cuando Ortega perdió las elecciones en 1990; espero regresar pronto y, quizás, verlo llorar una vez más.
Jorge Ramos,

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