Embellece tu interior

Todos sabemos que nuestro ser físico no es la totalidad de lo que somos, pero sí puede reflejar quien eres: un ser espiritual único, de belleza extraordinaria. El llegar a comprender esto y realmente creerlo, te ayudará a respetar tu cuerpo como un templo donde habita el alma y vas a vivir una vida como si fuera parte de un gran plan diseñado por Dios.

Por experiencia sé que todas las mujeres que emanan esa luz, de una forma u otra, adquirieron o se agarraron de la tablita de la religión o la espiritualidad. Muchas veces, si no todas, la vida las empujó a eso, por circunstancias de la vida que causan mucho dolor o por grandes alegrías. Unas profundizaron el compromiso con la religión de la niñez, otras encontraron una nueva. Muchas se refugiaron en la meditación y la oración.

Ese poder espiritual entró en sus vidas haciendo abandonar pensamientos negativos que dañaban su autoestima, o esa preocupación centrada en nosotros mismos... y así su corazón creció.

Unos le llaman a ese poder Dios. Si le quieres llamar otra cosa, hazlo, pero reconocer que hay un Ser superior a ti, nos lleva a la humildad y nos saca del egocentrismo. Nos lleva a elevar nuestros pensamientos hacia algo más puro, más positivo, y disminuye aquellos pensamientos que oscurecen la luz interior, con temores, celos, ira, avaricia.

Al lograr esa comunión con tu espíritu, vas a emanar un brillo que no se puede comprar. Esa belleza interior es la duradera pues la otra, aun con cirugía plástica, tiende a deteriorarse. Nuestra alma (espíritu) fue creada primero, existía primero, al menos esta es la teoría de muchos religiosos, filósofos, teólogos, y esa esencia inmaterial, escogió exactamente tu cuerpo, y fue escogido para la misión por la cual fue creada.

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