Entre la visa y la muerte

Escrito el 21 Jun 2007
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WASHINGTON - El acuerdo alcanzado el jueves 14 de junio por los líderes demócrata y republicano del Senado para revivir el debate de la reforma migratoria, le devolvió la esperanza a millones de indocumentados en Estados Unidos.

Dos días antes, el presidente George W. Bush se adelantó a todos y pronunció una sentencia que muchos comparten, incluyendo a la ultraderecha que se resiste a cualquier vía de legalización: que "el status quo es inaceptable". Pero lo dicho por el mandatario puede tener una o varias interpretaciones, dependiendo del lado en que uno se encuentre.

Unos claman por reanudar de inmediato el debate y aprobar una ley que incluya la ciudadanía, mientras que otros exigen eliminar todo tipo de beneficio migratorio y deportar a los 12 millones de indocumentados.

Y antes de subirlos a un avión, meterlos en la cárcel para escarmentar a los que están pensando en cruzar la frontera.

Reuniones a puerta cerrada

Desde que fue suspendido el debate (el 7 de junio, tras el fracaso de una gestión del líder de la mayoría demócrata del senado, Harry Reid, para detener las enmiendas y acelerar el voto) hasta hoy, senadores de ambos partidos han estado reuniéndose a puertas cerradas para revisar el proyecto y ver de qué manera juntan 60 votos (sobre 100 asientos) para reanudar las discusiones y aprobar una ley de reforma.

Posibles escenarios

Ese acuerdo está en puertas, pero su confirmación se verá cuando el pleno se reúna y vote, en una fecha que podría ser fijada en el momento menos pensado. Mientras ese día llega, los escenarios posibles de la reforma serían los siguientes: Que se retome el debate tal como está previsto y se llegue a un final feliz; que la retomen por necesidad -presionados por los empresarios y teniendo en cuenta que se necesitan trabajadores para el campo y las fábricas especialmente-; que la retomen para hacerle drásticos cambios; que se muera la reforma -si es que el Senado no decide hacer nada-; o finalmente que los gobiernos locales, ante la inactividad del Congreso, combatan por sus propios medios la inmigración ilegal.

Compromiso de alto nivel

Después de una semana de intensas negociaciones entre demócratas, republicanos y la Casa Blanca, y tras la concesión de Bush de respaldar una enmienda que destina más recursos para la seguridad de las fronteras y vigilancia a empresas para combatir la contratación de indocumentados, algunos republicanos de línea dura cedieron para permitir seguir debatiendo el proyecto tripartita base en poder del pleno.

"Los líderes han convenido en una forma de avanzar", anunció anoche Jim Manley, portavoz de Reid, tras una reunión que éste sostuvo con McConnell.

Manley no ofreció detalles, pero fuentes legislativas indicaron que el debate sobre el proyecto de ley probablemente se reanude la próxima semana.

La enmienda mencionada por Bush fue presentada por el senador republicano Lindsay Graham (Carolina del Sur) y recomienda destinar los dineros recaudados por concepto de multas a indocumentados a mejorar la vigilancia fronteriza y a combatir la contratación de extranjeros ilegales.

Un día antes, los republicanos habían reconocido la existencia de 'reuniones a diario', pero advertían que "todavía" existían acuerdos qué comunicar. "No hay una agenda predeterminada", aseguró Jésica García, portavoz del Senador Mel Martínez (Florida) y presidente del Comité Nacional Republicano. Se reúnen para "buscar maneras" de cómo hacer que el proyecto tripartita regrese al pleno y sea aprobado "cuanto antes", había explicado la portavoz.

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