Habitantes de Hidalgo preparan guisos con flores, garambullo, animales, y armadillo

SANTIAGO DE ANAYA, Hidalgo , - Indígenas hñahñu comparten sus recetas de platillos y bebidas ancestrales que han sobrevivido al mundo moderno y que forman parte de un menú especial de miles de familias de la región del Valle del Mezquital en esta época del año donde la flora y la fauna abundan pese a la aridez que caracteriza a la zona.

En noviembre será presentado el recetario indígena de Santiago de Anaya, un compendio de más de mil guisados cuyos ingredientes principales son la carne de zorrillo, tecolote, tlacuache, coyote y víbora, adelantó el presidente municipal de este lugar Gregorio Gaspar Jaén.

Manjar de ricos y pobres que causan curiosidad y que cuando se deleitan, uno se atreve a darle otra mordida al taco de armadillo o lagartija, tal como ocurrió en la reciente muestra gastronómica de Santiago de Anaya.

Flores, insectos, gusanos y hasta larvas de hormiga, le dieron sabor y color a los platillos que son una delicia para quien ya los conoce y para quien se atreve a probarlos.

A este sitio se llega por la carretera federal México-Laredo, es el Valle del Mezquital, tierra de hombres bravos, donde se pelea a muerte por la tierra y donde habitan mujeres que han quedado solas con sus hijos, mientras los maridos han ido en busca del sueño americano.

Actualmente, los dólares le han cambiado la cara a la pobreza lacerante de este pueblo indígena que se resiste a olvidar sus tradiciones.

Para obtener los ingredientes, las indígenas recurren a la caza rudimentaria, como Micaela Hinojosa, que por varios días buscó el armadillo que guisaría con escamoles.

"Cuando no llega a tiempo la remesa, no hay de otra, no nos queda más que salir al campo a cazar zorrillo, tlacuaches, armadillos, conejo o juntar hiervas, flores o caracoles e incluso los xawis, esos gusanitos que andan en los mezquites, dice.

"Lo fuimos a buscar en el cerro, supimos dónde come porque dejó el rastro de su colita que anda arrastrando".

La historia de los indígenas hñahñú, cuya lengua es una obligación dominar -aún si se es niño- data de hace más de 500 años, cuando no solamente fueron perseguidos por civilizaciones como la tolteca, la teotihuacana e incluso la mexica.

Esta gente también sobrevivió a las invasiones de los conquistadores que se fueron apoderando de las zonas más céntricas y donde había agua y climas más benévolos.

Fue así que orillados, replegados a las montañas, no sólo buscaron cómo librar el hambre, sino que se forjaron un carácter fuerte que les ha permitido ser un pueblo donde persisten los usos y costumbres muy por encima de leyes estatales y federales.

En cuanto a las recetas...

Qué tal un pulque de maíz, como el que presentó Gladis Eleuterio Cortés. Para hacerlo, en una olla se pone agua, piña, azúcar y un poco de pulque. Se deja fermentar durante tres días y listo. Resulta una bebida refrescante, y fría sabe mejor.

"Lo hacía mi bisabuela y de ahí es que lo sabemos hacer y cada que podemos lo tomamos, es nutritivo y barato", sostiene la joven ataviada con vestimenta indígena. Por otro lado, Martina Flores, de la comunidad de Yolotepec, preparó Atole de pinolillo, el cual se prepara poniendo a tostar el maíz, luego se muele en el metate para hacer la harina. Se pone hervir el agua y se le agrega canela y piloncillo

"Es atole natural, no se le echa chocolate porque le quitaría el sabor del pinole. Es muy nutritivo, con esto nos alimentamos", dice Flores.

"Es económico, nosotros cultivamos el maíz, nomás compramos el piloncillo, pero de todos modos es más barato que el azúcar".

El recetario traerá ésta y otras sugerencias que, además de lo nutritivo, tienen propiedades curativas, según los nativos de la zona.

Como el agua de flor de sábila, la cual, de acuerdo con los indígenas, les cura dolor de espalda o la inflamación.

De los postres ni qué decir, la variedad va desde el típico dulce de calabaza con miel de maguey hasta la gelatina de nopal, biznaga y xoconostle, pastel de flor de garambullo y hasta un coctel de ingredientes de la región: calabaza, biznaga, chilacayote y chayote.

Todo esto fue creado con ingenio, pero sobre todo por necesidad y deseos de sobrevivencia, puesto que algunas de las especies que utilizan para cocinar están en peligro de extinción, sin embargo son las que encuentran en la zona y recolectarlas o cazarlas no les representa ningún costo.

La intensión de las autoridades y del consejo técnico, es que la tradición de comer reptiles, insectos, animales del campo, entre ellos zorrillo, tlacuache, armadillo, no quede en el olvido. El platillo ganador del primer lugar fue: armadillo relleno de escarabajos y larvas de hormiga, todo muy bien enchiladito.

En segundo, ximbo (pencas) de zorrillo, conejo y coyote.

Y en tercero, albóndigas de ardilla rellenas de insectos, (xawhis). Pero si se es más exigente y de plano al visitante no le gusta salir de lo citadino, las mujeres indígenas del Valle del Mezquital ofrecieron, por primera vez, pizza, pero de escamoles, que no son otra cosa que larvas de hormiga.

Con el lema de que todo lo que corre y vuela va a la cazuela, las mujeres le echan imaginación una vez que ya tienen a la presa en su mesa.

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