Inmigrantes temen deportaciones

"Sabía que había muchos inmigrantes ilegales, algunos declarados culpables de delitos graves, que salían libres bajo fianza y pasaban diariamente frente a mi prisión", escribió Pendergraph este año, en una revista dirigida a los alguaciles.

Escrito el 21 Nov 2007
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WAUKEGAN, Illinois - Varios veleros flotan en el Lago Michigan, a unas cuantas calles del centro de ventas de un nuevo conjunto de condominios en el centro de la ciudad, un negocio altamente apreciado en una población que ha experimentado la pérdida de miles de empleos industriales.

El conjunto habitacional se ajusta también a una estrategia de los funcionarios locales, quienes buscan transformar este suburbio de trabajadores, ubicado 30 millas (casi 50 kilómetros) al norte de Chicago, al promover los atractivos de su centro histórico y su localización junto al lago, como un destino para empleos, vivienda, comercios y entretenimientos.

Pero otra transformación ocurre ya en la ciudad, llena de tiendas de abarrotes mexicanos, una casa de cambio que anuncia: "Se habla español" y otras empresas que se dirigen a la creciente población de inmigrantes.

Los hispanos representan ahora más de la mitad de los 88.500 residentes, de acuerdo con las cifras recientes del censo, y un tercio de los habitantes nació en el extranjero. Pese a que han crecido en número, los recién llegados no se sienten bienvenidos.

La convivencia ha sido tensa desde mediados de este año, cuando los funcionarios de Waukegan solicitaron un programa que entrenaría a los policías locales para hacer cumplir las leyes federales de inmigración. La propuesta provocó una protesta masiva en el centro de la población, por parte de grupos defensores de los derechos de los inmigrantes.

Se convocó también a un boicot contra las empresas que no mostraran carteles en los que manifestaran que se oponían a la solicitud. Los líderes de la ciudad dijeron que la medida aceleraría la deportación de personas que cometen delitos violentos o infringen las leyes de drogas, y mejorarían la seguridad para todos los habitantes de Waukegan. "Es una herramienta que podemos usar para deshacernos de delincuentes peligrosos, y tenemos que aprovechar cualquier vía que podamos", dijo el jefe policial William Biang. Pero algunos hispanos temen que la medida agravará la desconfianza de la comunidad respecto de la policía, y ahuyentará a quienes podrían ser la columna vertebral de una ciudad con una economía dinámica y una población diversa.

"Hay miles de personas que trabajan duro, vinieron e invirtieron en esta ciudad. Ahora son perseguidos", dijo Yolanda Torrez, abogada nacida en Waukegan, quien se ha encargado de varios casos penales, de tránsito y de bienes inmuebles. Agregó que es comprensible el escepticismo de los residentes latinos. Hace una década, el ayuntamiento llegó a un arreglo en una demanda con el Departamento de Justicia, sobre un código de vivienda que según las autoridades federales iba dirigido a las familias hispanas. Los residentes hispanos se sienten ahora afectados por una ordenanza de la ciudad que permite decomisar vehículos y contempla multas de hasta 500 dólares si el conductor carece de seguro o licencia.

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