La vileza de Trump hacia los inmigrantes sigue intacta

Maribel Hastings



Si alguien todavía dudaba lo que opine sobre los inmigrantes el “Divisor en Jefe”, Donald Trump, pudo escucharlo el martes en la noche en prime time en el discurso sobre el Estado de la Unión. Para Trump, los inmigrantes y los indocumentados son “criminales”.
La porción del discurso dedicada al tema migratorio no se centró en explicar por qué los Dreamers merecen ser reconocidos como los estadounidenses que son. No. Trump incluso les lanzó un jab afirmando que “los estadounidenses también son soñadores”, en clara referencia a los Dreamers. Pero olvidó que esos Dreamers también son estadounidenses.
No conforme con eso, Trump, canalizando entre líneas a su racista asesor Stephen Miller, quien participó en la redacción del discurso, dedicó una generosa porción a explotar el tema de la violencia de las pandillas de la Mara Salvatrucha, igualando a los inmigrantes con criminales. No hubo referencia alguna a las contribuciones de los inmigrantes que han levantado a esta nación a través de su historia.
Ni a cómo la mayor parte de esos inmigrantes son personas decentes, jefes y jefas de familia que llegaron buscando un mejor porvenir para ellos y sus familias y, al mismo tiempo, han engrandecido a esta nación con su trabajo, su cultura y sus aportaciones. No hubo mención de los logros de los Dreamers, muchos de los cuales se encontraban entre la audiencia escuchando de primera mano la diatriba prejuiciosa de este presidente, ni de cómo esos Dreamers honran y enriquecen a esta nación con sus estudios, su trabajo y su servicio en las Fuerzas Armadas, entre muchas otras áreas.
No. Trump prefirió seguir en la misma ruta vergonzosa de utilizar a los inmigrantes como chivos expiatorios para apelar al miedo y al prejuicio, al “ellos” (los inmigrantes), contra “nosotros” (los blancos). Utilizó el dolor de familias que han perdido seres queridos a manos de pandilleros para establecer una falsa paridad entre un delincuente y un inmigrante. Los propios inmigrantes han sido víctimas de estas pandillas y si usted habla con cualquiera de ellos, verá que son los primeros en decir que los delincuentes deben ser removidos. Lo insultante es que no haya distinción y los coloquen a todos en el mismo saco. Y lo peor es que un individuo como Trump, con techo de cristal y una dudosa reputación, sea quien equipare a los inmigrantes con criminales. Claro está, si esos criminales son rusos, es probable que Trump los trate con guantes de seda.
Esta parte del discurso estuvo claramente dirigida a su base extremista anticipando quizá la reacción negativa de esa base a cualquier medida que suponga beneficios para los inmigrantes.
Y con actitud jactanciosa, Trump también advirtió a los demócratas que deben aceptar su plan migratorio porque daría una vía a la ciudadanía a 1.8 millones de indocumentados, pero a cambio de drásticos y prejuiciosos cambios en las leyes de inmigración.
Trump demostró una vez más que es como es. Su prejuicio contra los inmigrantes está intacto. Un tigre nunca cambia sus rayas.
Maribel Hastings
Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America's Voice

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