La Voz Presenta: ORGULLO HISPANO

Teódulo Jimenez:
“Poseo el tesoro más grande del mundo..."

Nuestro Orgullo Hispano de esta edición, es una familia sencilla como todos nuestros anteriores personajes y es que para La Voz, cada uno de los latinos que diariamente luchan en este país por abrirse espacio, por mejorar sus condiciones de vida y por ayudar a otros en la construcción de un futuro mejor, son dignos de elogio.

La familia Jiménez: Teo, Elizabeth y sus hijos Israel, Abraham y Saúl, todos originarios de Guamúchil, Sinaloa, México un día decidieron andar el camino que muchos alguna vez emprendieron, el cual es, buscar una nueva y mejor opción de vida. La familia Jiménez llegó a este país a principios de 2006 y aunque ellos aún no son acaudalados, no cuentan con buenos y bien remunerados trabajos; sí poseen un grande y valioso tesoro.

Teódulo, ha trabajado por más de 12 largos años como joyero, es de esos hombres que tocan oro y piedras preciosas, de la misma forma que nosotros palpamos cualquier otra cosa. Uno de esos días en los cuales el Sol resplandece con un nuevo brillo, una mañana con aves cantando por doquier, en fin, un día de suerte del año de 1997, cuando más necesitado se encontraba nuestro orgullo hispano Teódulo, abrió la puerta que conectaba del taller de joyería a las oficinas del mismo donde trabajaba, con la intención de canjear por efectivo un 'vale de caja chica'. Fue en ese preciso momento cuando se encontró con la mujer que cambiaría por siempre su vida.

Esta bella mujer que hace gala a su nombre de reina, dice que cuando miró a Teo de pies a cabeza, supo que había encontrado al padre de sus hijos. "Es sorprendente en nuestro caso el amor no entró por los ojos o por el estómago, como suele suceder en otras parejas; sino "por los pies".

Teo es un hombre especial y detallista y conservo cada uno de los detalles en lo más profundo de mi corazón. Cómo podría olvidar las noches de serenata… aún suenan en mi mente y corazón las guitarras y la letra de aquella… "Eres la gema que Dios convirtiera en mujer para bien de mi vida, por eso quiero cantar y gritar que te quiero mujer consentida…"

Que bonito raza, créanme que se me hace piel de gallina y me dan ganas de ir a buscar un 'trío de tres' y volar y volar tan alto que ni yo mismo me pueda alcanzar. Pero bien, la historia debe continuar y… "Durante una feria de pueblo, en donde uno se pone el mejor traje, los niños corretean buscando una piñata que reventar, las carrozas con sus reinas desfilando por las calles de la ciudad, los dulces de cajeta, en conclusión una feria en donde incluso las moscas bailan porque todo es fiesta; Elizabeth y yo nos subimos a una rueda (juego mecánico) la más alta y estando allá arriba le dije: Elizabeth: Quieres ser mi esposa, sí o sí, tienes 3 segundos, 1, 2, 3 ¿Qué contestas?

Luego el 28 de abril de 1999 ambos se casaron en el Templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, en México, DF, y posteriormente vinieron los hijos: Israel, Abraham y Saúl. Cada uno de ellos ha sido algo muy especial; recuerda que luego de dar a luz y permitirle estrecharlos, sin más palabras ha agradecido a Dios por tantas ricas bendiciones. Por cierto, Abraham estuvo a punto de perderlo debido a una complicación y aunque los doctores le dijeron que no existían probabilidades de salvarlo, ella luchó hasta escuchar ese primer llanto que anuncia una nueva vida.

"Hemos tenido aflicciones, pero nunca Dios ha desprotegido y aunque parezca extraño nunca, pero nunca hemos discutido y creo que se debe a nuestra fidelidad hacia Dios y su Hijo Jesucristo, porque guardamos sus mandamientos y perseveramos en su evangelio. Además, no ha existido un día en nuestra vida como familia que no hayamos estado todos y cada uno alrededor de la mesa compartiendo una cena familiar.

"Creemos que los hijos Dios nos los permitió para que cuidáramos de ellos y es nuestra responsabilidad enseñarles el propósito de la vida; mi esposa y mis hijos, son el tesoro que encontré aquél día de suerte de 1997. Ellos cambiaron mi vida, ahora tengo con quien conversar, con quien reír, con quien jugar; ahora tengo lo que ayer no tuve… gracias a mi Padre Celestial".

Por Francisco Alvarez

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