Las microfinanzas ayudan el desarrollo

Existe un consenso internacional acerca del beneficioso impacto del microcrédito sobre la promoción del desarrollo de los sectores rurales y de la economía informal en los países en desarrollo.

Solo en Latinoamérica, más de 3 millones de personas tienen acceso a este tipo de préstamos, que parten de los 2 dólares y tienen un 97 por ciento de recuperación. Pero hacen falta más, y la propia Ornanización de Naciones Unidas ha instado a su crecimiento. El economista Muhamad Yunnus impulsó hace años en su país, Bangladesh, el sistema de pequeños créditos para personas pobres.

Comprobó que mucha gente no tenía acceso a los préstamos que ofrecían los bancos tradicionales, porque no cumplen los criterios establecidos por la banca formal (solvencia, avales y garantías), por lo que creó en 1986 su propia entidad financiera, el Banco Grameen, que comenzó a prestar dinero a pequeña escala para pequeños negocios. En la actualidad, la entidad de Yunnus trabaja con 62 mil personas de 68 mil pueblos de Bangladesh y ha concedido préstamos por valor de 5,400 millones de dólares a 6.1 millones de personas, el 96 por ciento de las cuales son mujeres pobres.

El Banco Grameen ha logrado en este tiempo que el 58 por ciento de sus miembros superen el umbral de la pobreza, ya que concede préstamos para actividades que generen empleo, pero también para vivienda y estudios de jóvenes. Este tipo de créditos también representan una alternativa efectiva contra la usura, ya que las poblaciones de bajos recursos y alejadas de las zonas urbanas han acabado en gran medida en manos de prestamistas privados que llegan a cobrar hasta un 10 por ciento de intereses diarios.

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