Las mujeres ganan el pan

Los hombres llevan la casa

Escrito el 20 Jan 2005
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La imagen del ama de casa mantenida por su esposo pertenece ya al pasado. Ya sea a causa de un divorcio, por su carrera profesional de éxito o por la pérdida de empleo del marido, cada vez son más las mujeres que mantienen económicamente a la familia.

Una tendencia generalizada que no ha dejado atrás a las latinas y que tiene fuertes repercusiones en todas las facetas de la vida familiar: desde las tareas del hogar, al cuidado de los niños o al poder de decisión. Una de cada tres es mejor pagada.

El porcentaje de familias en las que la mujer gana más dinero que el hombre se ha incrementado drásticamente.

Hoy en día una de cada tres mujeres está mejor pagada que su marido. Esta tendencia es más común entre las ejecutivas: de acuerdo con un estudio de la firma Catalyst realizado entre las mujeres con estudios de MBA, el 55 por ciento afirma ser el principal sostén económico de la familia. Datos del Censo indican que en 1999 las madres generaban el 38,2 por ciento del ingreso familiar en Estados Unidos. 

La figura de la “esposa cabeza de familia” también ha llegado a la comunidad latina, promovida por el creciente número de empresarias (según la Administración de la Pequeña Empresa – Small Business Administration- los negocios de mujeres hispanas fueron los que mayor crecimiento registraron el año pasado) y por el aumento de profesionales y ejecutivas hispanas en altos cargos. 

La revista Hispanic Business ha llegado a publicar una lista de las ejecutivas latinas más influyentes (CEOs, presidentas y vicepresidentas de grandes corporaciones), muchas de las cuales están también incluidas en el listado de Fortune 500. 

Que la mujer sea la cabeza de familia en ocasiones es una decisión voluntaria que toma el matrimonio cuando nace el primer hijo. “Cuando me quedé embarazada tuvimos que tomar una decisión: que mi marido avanzara en su carrera o yo en la mía.

Decidimos que fuera yo, ya que gano mucho más que él... Mi marido está ahora considerando reducir su jornada a tiempo parcial para no tener que llevar al bebé a una guardería.

Este es también el caso de Solange, una editora argentina: “Tomamos la decisión incluso antes de quedarme embarazada.

El que ganara más de los dos mantendría la casa y el otro enunciaría para quedarse con el niño”.

Otras veces es el resultado inevitable de problemas laborales: “La decisión fue forzadísima.

Le despidieron por recortes de plantilla y se tuvo que unir a mi visado sin poder trabajar.

Yo estaba embarazada cuando esto sucedió y aunque me pareció que era una desgracia, fue para bien, porque mi marido crió a nuestro hijo hasta el año y medio”, cuenta Mónica, una española casada con un venezolano.



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