Los lamentos de La Llorona

Escrito el 02 Nov 2006
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GUANAJUATO, México – Dicen que cometió un horrible crimen. Que malos augurios acarrea el escucharla. Que su grito más doliente lo lanza a las 12 de la noche, y a esa hora todo se llena de aflicción y miedo: es la Llorona.

En Guanajuato vivió una mujer muy rica y muy celada por sus padres, quienes no permitían que ningún hombre la cortejara e intentara enamorarla. Ella, custodiada por su dama de compañía, asistía todos los domingos a misa. Así fue como conoció a un guapo caballero, mientras caminaba por una calle subterránea de la ciudad.

El hombre comenzó a cortejarla, a escondidas se entrevistaba con ella a través de su balcón. Esas visitas tuvieron consecuencias y la señorita resultó embarazada. Para ocultar la deshonra sus padres decidieron enviarla a vivir a Guadalajara.

El tiempo pasó y la joven retornó a la casa de sus padres. El joven regresó a buscarla y por las noches volvieron a sus visitas nocturnas, pero nuevamente resultó embarazada. Entonces sus padres amenazaron con expulsarla del hogar si no se deshacía de sus hijos.

Una noche, ella tomó a los dos pequeños y caminaron juntos por la calle subterránea. Llegaron al pie del Convento de San Diego de Alcalá (en el Centro Histórico) y ahí los abandonó. Invadida por la pena y arrepentida de su acción, la mujer comenzó a llorar e intentó regresar en busca de sus hijos, pero como la calle subterránea era un verdadero laberinto, no recordó el camino de vuelta.

Según el cronista de Guanajuato XYZ "se sabe de muchas personas que la han escuchado por las calles y callejones de la ciudad, principalmente en las primeras horas de la madrugada".

Él mismo fue testigo de unas de sus tantas apariciones. "Cuando tenía ocho años, caminaba con mi padre por el centro de la ciudad. Cerca del mercado Hidalgo, un señor nos llamó muy asustado y nos pidió que entráramos rápidamente a su casa".

Al cerrar la puerta, recordó, sentimos un aire fuerte que nos envolvió. Escuchamos un lamento lastimero que todavía recuerdo. Luego de diez minutos, el hombre abrió la puerta y se asomó hacia la calle. Ahora sí ya váyanse a casa, nos dijo, pero háganlo rápido si no quieren toparse con la Llorona y se los lleve con ella al otro mundo.

Desde entonces, cuenta la leyenda que el alma de esta mujer deambula en busca de sus hijos.

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