Los que se van de México

OAXACA, México - La escena es desgarradora. Ocho mujeres, con lluvias de llanto en los ojos, se despiden de sus hombres que se van a chambear a Estados Unidos. Debajo, un montón de niños se agarran de las faldas de sus madres o del pantalón rezurcido de su padre. Los ven hacia arriba, como quien ve un edificio enorme, sin saber qué está pasando. Aún no dan las ocho de la mañana y el vuelo de Oaxaca a Tijuana está a punto de partir.

Los hombres –ninguno pasa de los treinta años de edad- se hacen los fuertes y se tragan la tristeza de un buche mientras pasan el chequeo de seguridad. Pero sus ojos tristes, pintados de rojo y a punto de reventar,los delatan.

Van casi uniformados -cachucha beisbolera y una maletita tipo backpack donde cargan todas sus pertenencias- y muestran esa actitud, entre resignada y valiente, del soldado que es enviado a la guerra.

La diferencia es que su guerra no es para matar; su guerra es sencillamente la del que tiene que irse de su país para no morirse de hambre. Las mujeres, afuera de la sala de espera, con su largo pelo negro jalado hacia atrás finalizando en trenzas, se limpian las lágrimas a manotazos y toman asiento.

No se quieren ir. Quieren ver partir a Juan, a Primitivo, a Cipriano... Una mujer tiene a sus cuatro hijos revisándole la cara. Ellos no saben por qué llora tanto su mamá. Un niño le acaricia el hombro y la niña le toma la mano, como si ella fuera la adulta ofreciendo protección.

Las mujeres, afuera de la sala de espera, con su largo pelo negro jalado hacia atrás finalizando en trenzas, se limpian las lágrimas a manotazos y toman asiento. No se quieren ir. Quieren ver partir a Juan, a Primitivo, a Cipriano... Una mujer tiene a sus cuatro hijos revisándole la cara. Ellos no saben por qué llora tanto su mamá. Un niño le acaricia el hombro y la niña le toma la mano, como si ella fuera la adulta ofreciendo protección.

Los niños tampoco saben que, si las cosas siguen así de mal en el sur de México, dentro de unos años serán ellos los que estarán partiendo del aeropuerto hacia la frontera norte, siguiendo los pasos de su padre.

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