Niños deben elegir entre la unión familiar o quedarse en los EUA

CANCITA, México.- Desde que se reunieron con sus padres deportados en México, Adriana, de 7 años, ha dejado de gritar "¡Papá!" en sueños y a Yadira, de 10 años, se le ha aliviado el asma. Pedro, de 15 años, ya no rompe a llorar, y Adrián, de 12, trata de pensar en su nueva vida como una aventura.

Por ahora, estos niños estadounidenses están tratando de olvidarse de la dolorosa decisión que tienen que tomar para fines del verano: permanecer con sus padres en este pueblo donde se bañan en un canal y usan un retrete rústico fuera de la casa, o regresar solos a algunas de las mejores escuelas de Estados Unidos en Palo Alto, California.

Decenas de miles de familias encaran alternativas similares, y aun más podrían enfrentarlas si el Congreso nacional lleva adelante una reestructuración de las leyes inmigratorias.

Unos 3 millones de niños nacidos en Estados Unidos tienen al menos un padre o madre que vive ilegalmente en el país, según el Centro Hispánico Pew, y desde el 2004, el gobierno ha estado deportando a inmigrantes ilegales a un ritmo récord. El senado nacional estadounidense debe empezar a debatir el lunes un proyecto amplio que permitirá una ruta a la ciudadanía para los 12 millones de inmigrantes que están en el país ilegalmente.

El proyecto mermaría la importancia de los vínculos familiares, limitando las visas para padres de ciudadanos estadounidenses a 40.000 por año y modificando un sistema de preferencias que durante cuatro décadas ha favorecido tales lazos.

Pedro Ramírez, de 38 años, confiaba en ese sistema para que le diesen a él y a su esposa la posibilidad de hacerse ciudadanos en cuanto su hijo mayor cumpliera los 18 en poco más de dos años. Ahora ya no está tan seguro: la nueva propuesta legislativa pondría más énfasis en las habilidades y educación del inmigrante potencial, y por otra parte su deportación lo descartaría de todos modos.

Ramírez nunca fue a la escuela. A los 16 años logró filtrarse por la frontera y aprendió inglés mientras iba ascendiendo de un trabajo en una fábrica con salario mínimo a supervisor nocturno en un supermercado de Albertson.

Su promoción -y el salto en salario de 6 a 16 dólares la hora- le permitió trasladar a su familia de los barrios duros de East Palo Alto al más tranquilo suburbio de Palo Alto, sede de la Universidad de Stanford.

De regreso en México, la familia ha gastado sus ahorros de casi 10.000 dólares gestionando infructuosamente la residencia. Amigos, padres y maestros en la escuela secundaria de Pedro hijo han recaudado 2.000 dólares para la familia.

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