Pakistán,¿Otro fracaso para Bush?

La imposición del estado de excepción en Pakistán tensa la relación con EU y la alianza entre ambos países podría romperse

WASHINGTON DC - La suspensión de los derechos constitucionales e imposición del estado de excepción en Pakistán es un serio revés para la Casa Blanca y amenaza en convertirse en otro espectacular fracaso de la política exterior de la administración Bush.

Luego de media década de codearse y fotografiarse con el presidente paquistaní, Pervez Musharraf, a quien presentaba como aliado clave, George W. Bush podría estar presenciando un fracaso más de sus costosas políticas anti-terroristas, como ocurrió en Irak y Afganistán.

Ignorando los llamados de Condoleezza Rice, secretaria de Estado de Estados Unidos y de la misma Casa Blanca -que evalúa la ayuda de 150 millones de dólares mensuales que le brinda-, el general Musharraf escogió el camino del autoritarismo y decretó un estado de emergencia, para capturar a cerca de dos mil opositores, activistas de derechos humanos, abogados y decomisar equipo y material a periodistas, bajo el argumento del combatir la creciente militancia islámica, generando incesantes manifestaciones violentamente reprimidas. En realidad, la ley marcial o estado de excepción fue una respuesta de Musharraf ante una creciente presión para que presentara su renuncia, presión a la que se sumaron magistrados de la Suprema Corte de Justicia paquistaní.

Clamor de que no permanezca en la Presidencia, a la llegó mediante un golpe militar en 1999 con la promesa de convocar a elecciones democráticas, ahora programadas para 2008.

Al principio, Estados Unidos se hizo de “la vista gorda” por el apoyo que Musharraf prestó a la guerra contra el terrorismo, apoyo que Washington premió con el respaldo al programa nuclear de Pakistán, que de acuerdo a observadores, ahora podría constituir un grave peligro si se rompe la débil relación con Musharraf, presidente del país que es el presunto refugio para nada menos que Osama Bin Laden y en donde las armas nucleares sí podrían llegar más fácilmente a grupos extremistas.

La rebelión del firme aliado de la Casa Blanca daña severamente la credibilidad de un debilitado presidente George W. Bush y de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, quienes mostraron ser incapaces de influir para frenar la ambición autoritaria de Musharraf.


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