Prisioneros de su Ignorancia y Costumbres

METLATONOC, México - Tal vez una advertencia habría sido suficiente. De haber sido así, Juan García no estaría llorando frente a la tumba de un hijo, suplicando por la libertad de otro, Omar su segundo varón, ahora encarcelado en Estados Unidos.

¿Cuál dolor es más grande?, es una pregunta imposible de responder, pero es obvio que al hablar de Omar, en el rostro del anciano se refleja el coraje, la frustración.

El hijo preso sólo tiene 18 años y, fue sentenciado a 12 años tras las rejas en el Woodford County Detention Center de Kentucky por cargos de violación sexual. Juan, su padre, no lo comprende. Su cultura indígena no lo ve así, porque sus leyes son diferentes.

Sentado en el cementerio de este pequeño pueblo del estado de Guerrero, se pregunta: ¿qué hay de malo en que su hijo tuviera relaciones sexuales con una niña de 12 años?

Indígena mixteco, uno de los 64 grupos nativos de México que ocupan los estados de Guerrero y Oaxaca, en su cultura el matrimonio se pacta en la niñez y los hijos llegan cuando aún no se han cumplido los 15 años.

Con las tragedias de sus hijos, Juan aprendió que en los pueblos del norte, su cultura puede ser vista como delictiva, pero nadie se lo advirtió. Como Omar, cientos de indígenas mexicanos están cayendo en las redes del sistema carcelario estadounidense. Criminales o presos de sus usos y costumbres, los rostros de indígenas encarcelados es como un cáncer que se propaga con rapidez.

Un reporte de la Cámara de Diputados de México con fecha del 8 de junio de este año revela que actualmente más de 20 mil indígenas purgan condenas en Estados Unidos. El informe, indica además, que 10 de cada cien mexicanos prisioneros es un indígena.

En México habita la mayor población indígena de toda América Latina con poco más de 10 millones de personas concentradas en el centro y sur del país que habla más de 60 lenguas diferentes divididas en más de 300 variantes. Una realidad que la inmigración ha hecho extensiva desde Nueva York hasta California, en donde la pobreza, la ignorancia y la barrera del idioma, se suman a su desesperación. En la familia de Juan, la cárcel arrastró otra tragedia. En julio del año pasado un ataúd color café con el cuerpo de su hijo Javier arribó a la humilde casa del anciano.

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