¿Quién te dijo pandillero que no podías cambiar?

Especial a La Voz:

En nuestra redacción de La Voz, hemos recibido un artículo del Padre Jesús Ramírez C., de Royal City, Wa., en donde nos manifiesta su preocupación por el incremento de las pandillas y su accionar.

Refiere el prelado que cuando vemos una pared pintada con graffiti en la ciudad; inmediatamente viene a nuestra mente la existencia de una pandilla que con tal acción está marcando su territorio delictivo. El robo de autos, de bancos o centros comerciales entre otros, son signos de que el problema existe.

Detrás de las actividades de estas pandillas (gangs), constituidas en su mayoría por jóvenes existen adultos quienes son parte del crimen organizado e impulsan a adolescentes a cometer asaltos a mano armada, a robar estereos, a vender y consumir droga; "Los jóvenes abandonan las escuelas y cualquier fechoría que realizan es premiada" dice el Padre Jesús. "Nuestros jóvenes podrían utilizar su potencial y energía para tomar buenas decisiones y beneficiarse de los recursos que les ofrecen las escuelas, los centros de adiestramiento de aprendizaje de oficios o desempeñar un buen trabajo", agrega.

El Padre Jesús Ramírez considera que la Iglesia es un excelente recurso en donde el joven puede enriquecerse positivamente al relacionarse con otros adolescentes que asisten a misa, en grupos juveniles en donde se establece amistad, unión y confianza en el trato de problemas de familia, de amistad y de trabajo. Estos grupos juveniles integrados al interior de la iglesia, aprenden a cómo manejar mejor sus recursos, a saber distribuir de manera adecuada y oportuna su tiempo, así como a descubrir los talentos que cada uno posee.

"También aprendemos a cómo respetar nuestros cuerpos, que no son más que verdaderos templos del Espíritu Santo; evitando dañarlo con alcohol, drogas, tabaco o comiendo desmesuradamente y más aún siendo flojos"; "Hasta hoy no he conocido a un pandillero que haya sido realmente feliz; creo que la esclavitud de pertenecer a una pandilla de hecho es una pesadilla", agrega el Padre Ramírez.

"Padres de familia estrechen sus lazos de afecto con sus hijos, ámenlos, escúchenlos, compréndanlos; las pandillas ofrecen afecto a sus hijos para que se motiven a hacer el mal.

Las pandillas saben dar reconocimientos a sus hijos por las cosas que hacen, por los estereos que roban y las paredes que pintan, los felicitan y aplauden. Tú como padre de familia reconoce el esfuerzo de tus hijos y prémiales por sus buenas decisiones.

La Diócesis Católica de Yakima cuenta con un ministerio llamado "Barrios Unidos" para ayudar en la prevención de no participación en pandillas; el señor Alex Santillanes y su grupo de jóvenes y adultos ex pandilleros pueden ayudarle con presentaciones en las escuelas, iglesias o en forma privada y pueden contactarlos al teléfono (509)469-7138. "Jóvenes y adultos no agoten el potencial y el talento que Dios les ha dado en cosas vanas e inútiles, es tiempo de cambiar; recuerden que les quiero mucho", concluyó finalmente el Padre Jesús Ramírez, párroco de Royal City, Wa.

Padre Jesús Ramírez C

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