“Si Te Matan, ¿Quién Te Va a Reclamar?”

Un coyote revela los peligros de cruzar la frontera: si no pagan, "la mafia" los mete en un tambo de ácido. Si son mujeres, las abusan o las dejan tiradas. Y si es necesario, algún migrante se queda en el camino "para no perder a todo el grupo".

Escrito el 12 Apr 2021
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En sus 30 años como coyote, José ha cruzado migrantes a Estados Unidos por todos los medios posibles "excepto en avioneta por pistas clandestinas".
Y comienza a enumerar: "En contenedores; en camiones que llevan naranjas, clavados como se dice vulgarmente: la tarima va arriba llena de tomates o de jabones y abajo van clavados todos. A veces, en un camión de tres toneladas hay clavadas como 45 personas. Se puede usar el autobús, el tren, el coche privado como dicen los mexicanos, los taxis... Hay diferentes y mil formas de cruzar a los migrantes".
José [no es su nombre real] tiene unos 50 años y accede a contar su historia (tras un par de cambios de día y hora) en la frontera entre Guatemala y México, en La Mesilla, departamento de Huehuetenango, célebre por encabezar los primeros puestos de emigración del país.
Define así su oficio: "Para la comunidad somos ángeles, somos personas que nos pagan por cumplir un sueño, para salir de la pobreza. Y para las leyes, somos unos criminales".
Su negocio le da para vivir, e incluso tiene "algunas propiedades", dice; la clave de su éxito es haber establecido una red de coyotes para atravesar México de sur a norte.
"Me consiguen gente desde Sudamérica, colombianos, ecuatorianos, centroamericanos, y me los entregan. Pongo a trabajar a mis guías y los guías van entregándolos a otro grupo", explica
Por 8,500 dólares le ofrece a los migrantes tres oportunidades para intentarlo con él. Es una cantidad difícil de pagar para quienes huyen de sus países precisamente por falta de recursos, así que José pide garantías. Por ejemplo, las escrituras de propiedades: "Me quedo con terrenos, con casas, con vehículos, con propiedades. No me las robo; al momento que ellos me pagan, yo se las devuelvo".
Parece ser una práctica establecida por algunos coyotes en Centroamérica para garantizar el pago. "Si uno no paga es cuando uno tiene problemas con los de la mafia", explica, "y ellos no se tientan el alma para descuartizar o meterlo a uno en un tambo de ácido (...) Estás lejos de tu país, ¿quién te va a reclamar? ¿quién va a preguntar por usted? Se murió, se acabó, ahí terminó su vida". Una vez que los cárteles cobran, les entregan una contraseña como comprobante de pago. A veces, dice José, son pulseras de colores. Otras veces ponen torretas en los camiones, las luces como las que usan las patrullas. O la carrocería va pintada de un color o el chófer lleva una cinta. .
"Entonces ya saben, cuando les dan esa cinta, cuando les dan ese color es porque ya pagaron", dice.
Y las mujeres.
"La mayoría son abusadas por los coyotes. Las amenazan. Si no tienen sexo con ellos, las dejan tiradas. Entonces ceden. Y si algún familiar las llama y les pregunta cómo están, ellas dicen "Aquí voy bien, no pasa nada", cuenta.
Él, asegura, nunca ha tocado a una mujer: "No, tengo hijas y tengo madre". La embajada de Estados Unidos en Guatemala ha puesto en marcha una campaña en redes sociales para convencer a los guatemaltecos de que desistan de sus deseos de emigrar. En ella, una mujer relata el duro camino que tuvo que hacer y cómo fue engañada por coyotes.
Además de pagar a los cárteles, explica que también debe abonar sobornos: "Cuando le pagamos a un federal o a un migración, no estamos hablando de 5,000 o 10,000 pesos. Estamos hablando de 50,000 pesos mexicanos (2,500 dólares) en adelante. Y hay gente también que no se vende".

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