Te has preguntado ¿por qué engordamos?

Si bien los genes determinan gran parte de los procesos que ocurren en nuestro organismo, hoy en día sabemos que el componente genético es sólo más que un favorecedor de la acción de los factores ambientales que llevan al sobrepeso y a la obesidad.

Ningún individuo debe conformarse con decir que porque en su familia hay muchos gordos, él también invariablemente lo será por herencia.

Más allá de la carga genética que reciben muchas personas obesas de sus padres, el factor más importante en las familias de obesos es la transmisión de inadecuados hábitos alimentarios. En las últimas décadas se ha visto que el número de personas con sobrepeso y obesidad crece en grandes proporciones en todo el mundo y esto es producto de diversos factores. Por una parte, el crecimiento económico para muchos países se ha visto acompañado de un gran desarrollo de su industria alimentaria y la globalización de los mercados, lo cual ha incidido, no sólo en la cantidad de alimentos disponibles, sino en su calidad, ya que muchos renglones se caracterizan por su gran contenido de grasas y azúcares.

A esto se une la creciente preferencia por las comidas rápidas, las cuales representa una alternativa práctica, aunque no muy saludable, a la falta de tiempo para la preparación de las comidas en las casas.

Por otra parte, las características de la vida moderna han hecho que la gente disminuya significativamente sus niveles de actividad física. Se ha incrementado el acceso a medios de transporte por buena parte de la población mundial y también existe la tecnificación de muchas de las actividades domésticas. Además las sociedades han evolucionado de ser sociedades donde la mayor parte de su población hacía actividades que requerían esfuerzo físico a ser sociedades donde se depende del trabajo mecanizado o intelectual. Los hábitos alimentarios dependen en gran parte de los patrones culturales y de las tradiciones que la familia transmita a su descendencia.

Desde el nacimiento de los hijos se da inicio a un proceso de enseñanza y aprendizaje, involuntario e inconsciente, centrado en la alimentación familiar. Así, la mesa familiar y el acto de comer se convierten en el centro de una sucesión de ejemplos que los padres y otros adultos le dan a los niños, llevándolos a definir sus preferencias y rechazos, su favoritismo ante determinadas formas de preparar los alimentos y, muy especialmente, a conocer el tamaño adecuado de las raciones.

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