Un muerto que faltó a la cita

INGLESIDE, Carolina del Norte - Larry Green emergió de la oscuridad de manera tan súbita que el automóvil que lo atropelló ni siquiera dejó huellas de un patinazo. El impacto hizo volar sus zapatos, sus medias y una lata de cerveza que llevaba en la mano.

Green cayó en una cuneta llena de basura de la Autopista Estatal 401. Los enfermeros que lo examinaron determinaron que había muerto en la escena.

En el curso de las dos horas y media siguientes, el ensangrentado cuerpo de Green, con una enorme herida en la cabeza, fue colocado dentro de una bolsa negra de vinil, trasladado a una morgue y puesto dentro de una ancha gaveta, en una nevera de acero inoxidable donde se conservan los cadáveres.

Dos semanas después de ese espeluznante descubrimiento, Green, de 29 años, se aferra a la vida con ayuda de un pulmotor en una sala de emergencia de un hospital, totalmente paralizado.

Atribulados miembros de su familia han oído con horror los relatos de los funcionarios que describieron cómo varios empleados no tomaron en cuenta una serie de indicios que indicaban que estaba vivo.

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