Las labores de ampliación del muro fronterizo impulsadas por Estados Unidos en la zona fronteriza con México han generado preocupación entre autoridades locales y comunidades indígenas, luego de que se reportaran afectaciones al cerro Cuchumá, un sitio de profundo valor espiritual para el pueblo Kumiai.
Ubicado en el municipio de Tecate, Baja California, en México, este cerro se extiende a ambos lados de la frontera, lo que ha provocado que las intervenciones realizadas del lado estadounidense tengan impactos visibles en el entorno compartido.
De acuerdo con autoridades y habitantes, las obras incluyen detonaciones con explosivos para abrir paso a la infraestructura del muro, lo que ha dañado zonas consideradas sagradas por la comunidad indígena. Testimonios locales señalan que estas explosiones se han registrado de forma constante durante los últimos días.
El alcalde de Tecate, Román Cota Muñoz, confirmó que los trabajos se realizan dentro del territorio estadounidense, aunque reconoció sus efectos transfronterizos. “Está dentro de la franja fronteriza y sabemos de algunos trabajos que está realizando el gobierno de Estados Unidos para darle continuación al muro”, declaró en entrevista con EFE.
Un sitio sagrado y simbólico
Para el pueblo Kumiai, el cerro Cuchumá no es solo un accidente geográfico, sino un espacio espiritual fundamental. Así lo explicó la representante indígena Norma Meza Calles, quien subrayó la dimensión simbólica del lugar: “Esa montaña es como nuestra iglesia”.
La ampliación del muro fronterizo ha sido objeto de controversia desde sus inicios, especialmente por sus efectos sociales y ambientales. En este caso, la situación pone de relieve la complejidad de intervenir en territorios donde los límites políticos no coinciden con las realidades culturales y ecológicas.
Para la comunidad Kumiai, el daño al cerro Cuchumá no solo representa una alteración física del paisaje, sino una afectación directa a su cosmovisión y prácticas espirituales, en un contexto donde la defensa de los derechos indígenas cobra cada vez mayor relevancia.
La activista insistió en que el cerro ha sido históricamente un punto de encuentro para ceremonias y prácticas tradicionales, por lo que cualquier intervención representa una afectación directa a su identidad cultural. “El cerro es muy respetado para todos los Kumiai”, afirmó.
Este reconocimiento trasciende fronteras. En Estados Unidos, el sitio está inscrito en el Registro Nacional de Sitios Históricos desde 1992, mientras que en México es considerado parte del patrimonio cultural inmaterial.


