Reforma Migratoria: La crítica constructiva

La confluencia de eventos de percepción con un discurso de Barack Obama en la frontera, la presentación, otra vez, del DREAM Act en el Congreso, el presidente concediendo entrevistas a medios en español o hablando ante organizaciones de fe, generó reacciones encontradas entre la población hispana, medios en inglés y español, y activistas. Hubo alabanzas, críticas, reclamos y aplausos.
Su discurso fue una repetición de argumentos de por qué hay que hacer algo y de excusas de por qué no se ha hecho.
Pero siempre es bueno aclarar los puntos para quienes creen que las críticas formuladas a este presidente, a este Congreso o al anterior de mayoría demócrata no son justificadas o que es capricho de los grupos de presión no quitar el dedo del renglón.
Y también aclarar que las críticas siempre han sido parejas. Porque cada vez que se cuestiona que esta Administración ha deportado a más de 800,000 personas, que ha ampliado programas nefastos como 287(g) y Comunidades Seguras, y que tiene que hacer más que hablar, se interpreta como un ataque sin sustancia, una acusación de estar “ayudando” a los republicanos o de estar promoviendo un “revés” a una reforma migratoria amplia.
Como si el apoyo hispano a los demócratas tenga que ser ciego e incondicional, como si lo negativo no pueda cuestionarse o sólo haya que aplaudir lo bueno, tapar lo malo y bailar al son que nos toquen.
Las cifras de deportados y las consecuencias negativas de la ampliación de programas policiales no son inventos o falacias. Y por los últimos años ni mayorías demócratas o republicanas ni un demócrata o un republicano en la Casa Blanca han supuesto avance para esa reforma. Además, ¿quién quiere ayudar a un Partido Republicano dominado por figuras antiinmigrantes que por los pasados años sólo se han dedicado a ofender y alejar a los votantes latinos? Los republicanos han sido el principal bloqueo a la reforma o el DREAM Act. Los números no mienten.
Pero lo cortés no quita lo valiente.
Que los republicanos compitan por el título de Antiinmigrantes del Siglo no es excusa para los simulacros de acción de los demócratas. Que los republicanos recalcitrantes no nos quieran no es sorprendente porque nos lo dicen de frente.
Pero que los demócratas digan que nos quieren mucho y algunas de sus políticas pasen a fregarnos, aunque tampoco es sorprendente, sí es más cuestionable.
El presidente declaró que las deportaciones han sido fuente de controversia pero “estamos centrando nuestros escasos recursos en criminales violentos y otras personas acusadas de crímenes; no familias, no personas que sólo están tratando de, a duras penas, obtener ingresos”.
Parece que en esa categoría de criminales caen, por ejemplo, víctimas de violencia doméstica que pasan de acusadoras a acusadas.
O estudiantes indocumentados sin historial criminal que enfrentan procesos de deportación cuando ni siquiera llegaron aquí voluntariamente. Pagan las culpas de otros.
Pero cuando se le pide a Obama que al menos ampare de la deportación a estos jóvenes traídos por sus padres, el presidente siempre responde que “algunos aquí quisieran que pase por alto al Congreso y cambie la ley por mi cuenta, pero no es así que funciona la democracia”.
Al señor presidente nadie le pide que pase por alto al Congreso o que cambie la ley por su cuenta. Nota: entendemos la división de poderes del gobierno y las responsabilidades, autoridad y limitaciones de cada una de sus ramas.
Se le pide que mientras se crea el espacio político para que ese Congreso actúe y mientras su Casa Blanca se enfrasca en un esfuerzo real para impulsar esa reforma en un posible segundo mandato, que ampare a esos jóvenes de la deportación.
Tiene la autoridad. No es antidemocrático hacerlo. Quizá el cálculo político es que como los republicanos no son una alternativa viable para el votante hispano, los demócratas no tienen que levantar un dedo y mucho menos a año y medio de las elecciones.
Antes ha funcionado.
La diferencia ahora es la magnitud del efecto negativo de políticas migratorias policiales.
Pero una acción valiente e inesperada del presidente puede convencer a los votantes hispanos desencantados de que aquella promesa de 2008 puede concretarse porque su apoyo a la reforma migratoria realmente va más allá de los discursos electorales.
Maribel Hastings es asesora ejecutiva y analista de America’s Voice

Acerca del Autor